La novela negra es algo más que unos sugerentes ambientes, la exposición más o menos descarnada de este mundo moderno nuestro y un compendio de frases ingeniosas dónde triunfa la metáfora gamberra e irreverente. También encontramos afortunadísimos retratos sicológicos y complejas descripciones de estados de ánimo. Valga como muestra un botón arrancado a uno de los clásicos indiscutibles del género.
Pero más allá de los agoreros reflujos existencialistas del texto, siempre me ha conmovido la última frase, habida cuenta que está escrita por un celebérrimo alcohólico.
"No me acerqué a la casa de la familia Sternwood. Volví a la oficina, me senté en la silla giratoria y traté de distraerme balanceando los pies. Por la ventana entraban ráfagas de viento; el hollín de las chimeneas del hotel de al lado era arrastrado por la corriente a la habitación y vagaba por el escritorio como una planta sin raíces en un solar. Estaba pensando en irme a almorzar y en que la vida es bastante insípida y en que seguramente también sería insípida si me tomaba un trago y en que tomar un trago a esa hora del día no sería divertido"
"El sueño eterno" Raymond Chandler