sábado, 7 de junio de 2008

Viborg

Puedes viajar hacia delante.

Por ejemplo, hace unos años subimos al norte de Europa. El trabajo era en Viborg, pero nosotros, estábamos alojados en la antigua escuela de un pequeñísimo pueblo llamado Lund. La casa era preciosa, grande y con un tejado de paja apretada como todas las del lugar. Todo un derroche de exotismo ante nuestros ojos. El interior parecía sacado de las acuarelas de Carl Larson. Dormíamos en la buhardilla, intentando salir ilesos de épicos combates contra mosquitos del tamaño de una langosta, cuyas trompas eran capaces de atravesar sin aparentes problemas el más grueso jersey de lana. Por la mañana, cuando bajábamos a desayunar, el dueño de la casa, que no era otro que el viejo maestro del pueblo, nos saludaba amablemente con la única frase que sabía en español: “Buenas noches”
Gracias a su mujer, la maestra, que tuvo la gentileza de darnos un garbeo por aquellos lares, vimos también por primera vez el Mar del Norte. Para nosotros los meridionales sus playas resultan tan extrañas como bellas y sugerentes. No en vano sus orrillas vieron partir aguerridos vikingos en busca de riquezas, nuevas tierras o vaya usted a saber qué. Y para terminar de hacer la presentación familiar, Anne, su hija, que era la que nos hacía de anfitriona y traductora, tuvo a bien invitarnos a cenar con sus hijos, vecinos, y el más inesperado de los tocayos que jamás he conocido. Un tipo simpatiquísimo de Wisconsin llamado Juan Lande que parecía salido de una novela.
Las veladas se prolongaban en el exterior, al igual que la luz del sol que en la primavera y el verano nórdico parece resistirse a desaparecer. Para completar el cuadro bucólico-hippioso, aparecían más amigos y animales: los consabidos mosquitos gigantes, perros, cabras y caballos que venían a comer de tu mano lo que amablemente quisieras ofrecerles.

Pero también se puede viajar hacia atrás.

Y volver a visitar a través de la memoria aquel lugar y aquellas gentes. Un viaje dulce y tramposo en el que la mente omite, borra y modifica a capricho, transformándolo en una experiencia nueva. Podría seguir contando más anécdotas de nuestro viaje a Dinamarca, pero ya no estoy seguro de poder ser fiel a la verdad de los hechos. Las caras se van borrando, la cronología no está clara e incluso empiezo a confundir unos sitios con otros.

Al menos me quedan un puñado de dibujos.




9 comentarios:

TERESA VALERO dijo...

Qué cantidad de recuerdos maravillosos hemos echado en las mochilas durante estos últimos años, compañero... Una de las cosas que más grabada se me quedó de Viborg (aparte del alucinante encuentro con el barcelonés que se dedicaba a convertir en capillas-laicas los antiguos generadores eléctricos) fué el comentario de Anne cuando volvimos impresionados por la belleza del minúsculo cementerio del pueblo, una parcela llana y despejada, ni sombra de nichos, en el que sobre sus desaparecidos habitantes descansaban tallas de mariposas y pájaros en lugar de cruces o ángeles. "Vosotros, los de las ciudades, -dijo- morís como vivís, unos encima de otros..."

RAULE dijo...

Acertada reflexión la de vuestra amiga. Y preciosos bocetos los tuyos, Juan. Supongo que no vendrás a Barcelona el día 27, ¿no? Alguien tiene que quedarse con las fieras, jeje.
Un fuerte abrazo de nuestra parte!

Oscar dijo...

El google reader me trajo la buena nueva! Creo que me voy a hacer "superfans" del invento este. Nada, que se agradecen muchísimo anécdotas que incluyan cosas como tocayos de Wisconsin o barceloneses que se dedican a convertir en capillas-laicas los antiguos generadores eléctricos. Me suena que había un casco de vikingo por el estudio que tenía que ver con este viaje, pero igual estoy equivocado.

katakraos dijo...

Lo primero de todo, agradecer la visita y los ánimos.

Unos muy buenos apuntes de paisajes teñidos por notas de nostalgia, veo en esta entrada :)

Omar "OX" Rodriguez dijo...

esa iglesia me encanta

Gabor dijo...

Y si algún dia por, vete tu a saber que razones, vuelves a oler los aromas de aquel lugar pero en un lugar distitnto, tendrás un verdadero viaje espacio/tiempo sin moverte del sitio.

Los dibujos(por cierto GENIALES! ;p) nos traen el recuerdo del momento, los olores de nuestro pasado completan en nuestro cerebro la partes semiborrosas de esos momentos mágicos.

Hay que viajar hasta que el mundo se nos haya pequeño.

He disho! XD

Gabor dijo...

conforta saber que aun existen lugares así, pequeños paraisos...yo quiero irme a vivir con los vikingos!!!!

julian loayza dijo...

Hola:

Me gusta mucho tu trabajo en Blacksad, es admirable. Soy dibujante de cómics. Quisiera que veas mi trabajo:

www.julesfru.blogspot.com

Gracias.

Julian.

聖諭 dijo...

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