miércoles, 1 de agosto de 2007

Benditos los ojos, benditas palabras

Pongámonos en situación. El protagonista (la persona que habla) intenta describir los objetos de la calle a un ciego, llegando a estas conclusiones...

“¿Qué ves? Y eso que ves, ¿cómo lo expresarías con palabras? El mundo nos entra por los ojos, pero no adquiere sentido hasta que desciende a nuestra boca. Empecé a apreciar lo grande que era esa distancia, a comprender lo mucho que tenía que viajar una cosa para llegar de un sitio a otro. En términos reales no eran más que unos centímetros, pero teniendo en cuenta los muchos accidentes y pérdidas que podían producirse por el camino, era casi como un viaje de la tierra a la luna.”

Paul Auster. “El palacio de la Luna”

1 comentario:

Mar dijo...

Eñ señor Auster me tiene atrapada: acabo de leer su Brooklin Follies y aún tengo buen sabor... Ahora ya tengo apuntado éste al que haces referencia!!

Besitos