lunes, 14 de mayo de 2007

INSONDABLE- Capítulo quinto

"Pasó una larga temporada viviendo en el "Campo de la Luz", aunque para Thomas la palabra tiempo se había vaciado de conte­nido, ya que ahora era incapaz de discernir cronológicamente. El instinto era el gran tirano de su voluntad y en función de él actuaba en todo momento. Un violento acontecimiento logró despertar a su dormida mente de la profunda inactividad en que se había sumido.
Una de las tareas que ocupaban el tiempo de Thomas era la recolección de moluscos que le servían de alimento. Su propia experiencia le ayudaba a distinguir los comestibles de aque­llos cuya ingestión era ciertamente peligrosa. La selec­ción debía ser minuciosa y la recompensa, en cuestión alimen­ticia, no era muy copiosa. No obstante, siempre resultaba más grato y menos arriesgado que el cuerpo a cuerpo con sus veci­nos de mayor entidad. Pertrechado con los útiles de caza, producto de su propia manufacturación, se había enfrentado en infinidad de ocasiones con todo tipo de seres infernales, a cuyo increíble aspecto, jamás logró acostumbrarse. Esos extra­vagantes peces parecían un catálogo de las pesadillas de los escritores más visionarios y atormentados de la literatura fantástica. Monstruos ciegos y transparentes, contrastaban con otros de desproporcionados ojos y arbitrarios colores inapre­ciables a esa profundidad, de una intensidad rabiosa si se pudieran ver en la superficie. Cien millones de años contem­plaban a aquellos seres de extraños y sofisticados apéndices eléctricos. Desde que entró a formar parte del mundo abisal, no dejaba de conocer nuevos ejemplares de manera ininterrumpi­da, pero ninguno como aquel que le atacó mientras recogía moluscos.
Jamás tuvo un rival de tanta entidad. Ni su extremadamen­te sensible olfato, ni su forzada pero eficaz vista, detectó la amenaza. Lo primero que sintió fue como su costado era apresado por unos potentísimos dientes. La rapidez de su agresor parecía fuera de la lógica de los abismos, donde todo transcurre con exasperante lentitud. El escurridizo animal le lanzaba dentelladas sin parar, de manera que Thomas empezó a sangrar abundantemente. Estaba paralizado ante este nuevo espécimen, que parecía el más avanzado prototipo de depredador de las tinieblas submarinas. Su cuerpo era alargado, de una longitud de un par de metros aproximadamente. La transparencia de su piel impedía distinguir las potentes aletas que le impulsaban con tanta rapidez. Pero si algo sobresalía en aquella monstruosa anatomía, eran las impresionantes mandíbu­las jalonadas con larguísimos y afilados dientes. Unas manchas de un color indefinido, que a Thomas se le antojaba rojo fuego, explotaban a lo largo de su cuerpo de una manera total­mente aleatoria, dándole un aspecto aún más agresivo. Los minúsculos e inútiles ojillos lechosos y el interminable cordón que hacía las veces de columna vertebral, completaban este compendio de aberraciones que intentaba devorar a su enésima víctima.
Thomas siempre iba acompañado de su mayor tesoro; un cortante puñal elaborado con lo que alguna vez fue el esquele­to de un gran pez. Intentaba coger el arma con la mano dere­cha, mien­tras agitaba la izquierda a fin de zafarse de aquel demo­nio, cuando esta mano dejó de formar parte de él. Una tormenta de sordo dolor estalló en la cabeza del malherido luchador. Las tinie­blas y él se fundieron en perfecta comunión. Ya no necesitaba ver, ni oler, ni tocar; no necesitaba pensar, ni existía el dolor, ni el odio, ni el peligro. Todo era, sencillamente, instinto en estado puro. En esta tesitura, estaban en igualdad de condiciones. Se abalanzó sobre su enemigo de una manera violenta, con ferocidad animal, exponiéndose abierta­mente a las poderosas mandíbulas de su adversario. No sólo el artesanal cuchillo, que blandía en su ahora única mano, se hundía una y otra vez en la invisible piel de la criatura, si no que además, mordía con furia como una vulgar fiera, arran­cándole su escamosa carne a jirones. Finalmente el sangriento remolino cesó, dejando a ambos contendientes convertidos en despojos, si bien, Thomas era todavía un despojo con vida, mientras el otro luchador comenzaba a ser repartido entre una gran cantidad de peces carroñeros.
Esta experiencia límite le abrió de nuevo los ojos a una realidad a la que se había resignado y que ahora se le volvía a echar encima. Durante el período de convalecencia, mientras sanaba sus heridas, volvió a poner en funcionamiento su oxida­da maqui­naria intelectual. Fue una época reflexiva que le llevó a una conclusión que se le marcó a fuego en la cabeza: Debía volver a casa."
Copyright de texto e imagen de Juan Díaz Canales

6 comentarios:

Gabor dijo...

Bieeeen!! otro episodio de insondable y merece la pena la espera la verdad! como escribes jodio! ;)

stathis dijo...

Juan
I am a very big fan of your work. I am from Greece. I have one question. In comics when colouring is done with watercolour, does the artist do the pensils then the colour and then the ink? What is the correct way?
Thanx and keep inspiring us!

Juan Díaz Canales dijo...

Thanks Stathis,
I guess there must be not only an unique process. I think each artist have his specific way for colouring. Of course I know better how my colleague Juanjo Guarnido do: First the pencils, then the ink (in a different paper) and finally the watercolour.
Kindest.

Saeta dijo...

Con tu permiso abro también un paréntesis enlazado con tu anterior post ya que también se oyen voces de alarma contra Radio3 y lo que eso representa...

ME gusta esta ilustración que se podría titular "La incultura engulle al hombre"
Disculpa el atrevimiento. Un abrazo

.:CHAOSBOY:. dijo...

Well, great work!!
Your linked on my blog!

Pablo Zinc dijo...

Ay! Qué recuerdos me trae "Insondable"...

Te haces mucho de rogar, ¿no? Venga ya, que queremos leer hasta el final de una vez...

Me alegro infinito de ver ilustraciones nuevas tuyas, ¿para cuando un cómic?

Y, ya que estamos, esa "la señora de usted" que tanto se menciona en los comentarios, ¿quién es? ¿escribe o algo? ¿cuando va a tener un blog, un libro una estatua o lo que sea? ;-)

Besitos y abrazos por doquier...