martes, 28 de noviembre de 2006

La belleza en un reguero de sangre

Se llamaba Weegee, era fotógrafo y nos dejó un testimonio vívido e impactante de la época y el lugar que le tocó vivir: el Nueva York de mediados del siglo pasado (algo así como decir la Roma del siglo I después de Cristo)
Ante sus duras instantáneas nos sentimos sacudidos por la brutalidad que somos capaces de ejercer. Pero aún más dura es la revelación de que la violencia, incluso la más extrema, absurda, dañina y execrable puede convertirse en arte y por lo tanto en belleza. Esa es una de las cualidades más sorprendentes del ser humano, somos capaces de sublimar cualquier cosa.



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